El ciclo de las hojas amarillas

El ciclo de las hojas amarillas

Quisiera compartir un texto que escribí a finales de enero de 2017. Espero que sirva de reflexión para todas aquellas personas que como yo, siguen buscando y avanzando en este camino de crecimiento personal. Tenía entonces 29 años y aún no me había encontrado a mí misma. Ahora sé que esa búsqueda no termina nunca.

Cuaderno de bitácora de antes de dormir:

Parece que fue ayer cuando dimos la bienvenida al 2017 y sin embargo ya estamos casi despidiendo el mes de enero. Los días pasan raudos y veloces como las hojitas secas de los arces que caían y caían en la calle de mi colegio de la infancia y que me gustaba pisar cuando pasaba cogida de la mano de mamá. Aún recuerdo el crujir de las hojas palmeadas y mi risita traviesa mientras mi madre tiraba de mi brazo porque llegábamos tarde a la escuela.

Ahora ya no voy cogida de su mano, pero las hojas siguen cayendo tan deprisa como entonces. Apenas me quedan unas semanas de curso aunque a mi alrededor algunos formulan bromas sobre si estudiaré hasta la edad de mi jubilación. Yo miro hacia otro lado si bien por mis adentros intuyo algo de verdad en lo que dicen. Y es que la búsqueda del conocimiento y de una misma es como una selva infinita, tan extensa como la superficie que una esté dispuesta a explorar.

A veces te sientes cansada y te preguntas quién carajo te mandó meterte en toda esta maraña silvestre. Y caes en la tentación de quedarte tumbada junto al arroyo donde todo es apacible y seguro. Pero entonces una fuerza interior se revela y te sacude la tripa como un volcán en erupción. ¿De verdad no puedes estarte quieta ni un segundo? ¿No ves que te vas a hacer daño?

Pero ya es tarde y no escuchas a nadie. Estás colgada de una rama tratando de trepar no sabes ni a dónde. Y tampoco te importa el dónde, porque te sientes tan libre y feliz como cuando hacías crujir aquellas hojitas. Sientes el aire fresco en tu cara y los haces de luz colándose tímidamente entre las hojas. Los sonidos de la naturaleza inundan tu mente de una paz celestial. Y alimentas el motor de tu alma de todas y cada una de estas sensaciones. Las guardas muy dentro de ti para echar mano de ellas cuando tus fuerzas flaqueen. Vives cada segundo con tanta pasión que ves belleza en todo cuanto observas. Y te sientes agradecida por este nuevo día que termina, por el amor que te rodea y por el milagro de tu propia existencia.

Sabes que vendrán temporales y sentirás ese miedo encogiendo tu pecho. Sabes que vendrán también torrentes de sufrimiento. Pero también sabes que se irán. Caerán las hojas. Y nuevas hojas crecerán. Y caerán de nuevo. Es el ciclo imparable de la vida. Y no te vas a quedar sentada como una espectadora más. Observa, escucha, huele, saborea, palpa. VIVE este segundo porque es un regalo y hará brotar una semilla nueva dentro de ti. Vive incluso cuando sea más fácil rendirse que seguir luchando, vive incluso cuando respirar te duela, vive a pesar de todo porque sólo tienes este momento pero es el presente más maravilloso que puedes poseer. Todo lo demás es tan incierto como la predicción meteorológica. Buenas noches mundo, dulces sueños

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