A la caza del tesoro en Bruselas

A la caza del tesoro en Bruselas

El autobús de la compañía Flixbus nos deja en Bruselas en 4 horas por tan solo 17 euros. En esta ocasión nos alojamos en casa de nuestros amigos Aritz (Fontetxa) y Olivia, que viven a 20 minutos del centro.

Nos reciben con una gran sonrisa y una cena típica belga: morcillas con puré de patata y compota de manzana. 


Fontetxa lleva unos 7 años viviendo en Bruselas. Como les sucede a muchos, se enamoró de una belga y tuvo que quedarse. Juntos hacen una bonita pareja y más aún ahora que tienen un bebé (Haizea) de solo tres meses. 


Somos testigos de un momento mágico cuando Haizea ríe por primera vez. Fontetxa ha descubierto el botón de las cosquillas. Su primera carcajada. Me siento un poco intrusa en este momento familiar tan íntimo y a la vez afortunada por poder presenciar sus caras de emoción y felicidad. Aunque no sé nada de esto intuyo que cuando tienes un bebé cada día es una nueva sorpresa. Y de algún modo todas las noches sin dormir, los pañales sucios, los berrinches, la desesperación porque no come bien… todo eso compensa cuando te mira con sus pequeños ojos curiosos y sonríe. De golpe todo el amor del universo cae sobre ti como una cascada. Debe de ser la droga más potente que existe.

Conversamos y arreglamos el mundo varias veces durante la cena. Hablamos del decrecimiento, de los plásticos, de la conciliación laboral, del futuro, del sentido de la vida… También nos enseñan vídeos y nos cuentan muchas anécdotas de aquel año y medio que pasaron viajando por Sudamérica y Asia. Ya veis, no somos los únicos que hacemos el loco 😛


A la mañana siguiente nos vamos a descubrir la ciudad. Normalmente cuando viajamos utilizamos el sentido de la vista. Se nos olvida sentir un lugar con el oído, el tacto , el gusto, el olfato… Bruselas es una ciudad que como el buen vino, te entra primero por la nariz. Nada más poner un pie en el suelo , nos llega un olor irresistible a chocolate. ¿Acaso hemos encontrado sin quererlo el Valhalla?


No se trata del paraíso de los dioses vikingos, sino de un lugar que aúna muchos de los grandes placeres terrenales: chocolate, cerveza, waffles, patatas fritas y cómics. Si me pierdo un día, buscadme por aquí 😀


Paseamos por las calles atraídos por el olor de los puestos de patatas fritas conocidas como «les frites». Los belgas las comen a cualquier hora del día acompañadas de distintas salsas y afirman que las inventaron ellos. Si bien el origen es algo polémico, lo que está claro es que saben cocinarlas bien y se han convertido en patrimonio nacional. 


Algo similar sucede con los gofres también conocidos como «waffles». Se cree que surgieron en Bélgica durante la Edad Media cuando se preparaban unos panes a partir de una masa semilíquida que se cocía sobre unas planchas al fuego. Hoy en día los hay de todos los colores y sabores. Y están riquísimos.


Los escaparates de las confiterías belgas están exquisitamente decorados con figuras de chocolate y azúcar, bandejas repletas de dulces, adornos de todos los colores y fuentes de chocolate. Tengo la teoría de que son trampas para engordar a los turistas y comérselos, como la bruja de Hansel y Gretel. 


Recorremos la Grand Place admirando sus majestuosos edificios: el ayuntamiento que data del año 1459 y a simple vista parece más una catedral, la Casa del Rey que acoge entre otras cosas pinturas, tapices y la colección de trajes de Manneken Pis,  Le Pigeon que fue residencia del famoso escritor Víctor Hugo en 1852 y donde se dice que terminó de escribir su obra «Les Misérables» y una serie de edificios neoclásicos de estilo flamenco. Todo ello edulcorado con un Belén y un enorme árbol de Navidad en el centro de la plaza.


Cuando pensamos en la industria del cómic nos suelen venir a la cabeza países como Estados Unidos y Japón. Sin embargo, la industria del cómic en Bélgica también ha tenido históricamente un papel muy importante. De hecho es la responsable de algunos personajes muy conocidos como Tintín, Lucky Luke y los Pitufos. 


Este es el motivo por el que la capital belga quiso en 1991 rendir homenaje al arte del cómic pintando algunas paredes de la ciudad. Hoy en día se pueden encontrar más de cincuenta murales dedicados a célebres dibujantes belgas. Google Maps te los muestra tecleando «Mur BD».

Hacemos una pequeña búsqueda del tesoro para fotografiar algunos de ellos. Es lo más parecido a cazar Pokémon que hemos hecho y una manera divertida de pasar la tarde.


De pronto nos topamos con un tumulto de gente que se agolpa frente a una escultura diminuta con sus camaras de móvil encendidas. Es el famoso Manneken Pis. Pero bien podría ser otro Pokémon. 


Sea o no justificada su fama, lo cierto es que el Manneken Pis no es la única escultura que posa orinando en Bruselas. ¿Sabíais que también hay una niña (Jeanneke Pis) y un perro (Zinneke Pis)? 


En la misma calle donde se encuentra Jeanneke Pis, volvemos a toparnos con una manifestación de turistas. Pero en este caso no están ahí por la pequeña escultura femenina sino por la meca de los amantes de la cerveza: Delirium. Esta cervecería forma parte del Libro Guiness de los Récords por ser uno de los bares con más tipos de cerveza del mundo. En ella se pueden degustar más de dos mil marcas de cerveza distintas.

Comienza a anochecer y el alumbrado navideño se enciende inundando las calles de formas y colores distintos. 


De repente siento que alguien me pisa los talones. ¡Oh, no! Parece que han descubierto que llevo chocolate en la mochila. Me voy corriendooo!!! Hasta la próximaaaa!!!

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