El fantasma de París

El fantasma de París

Aunque parezca mentira hay algo más típico que la Torre Eiffel en París: la huelga. Para los parisinos hacer huelga es casi una religión. Son muy reivindicativos. 

Me viene a la cabeza la huelga que tuvo lugar entre mayo y junio de 1968, más conocida como «el mayo francés». Ismael Serrano alude a ella en su famosa canción «Papá cuéntame otra vez» donde recuerda cómo los estudiantes ocuparon la Sorbona (universidad más importante de París).

El detonante del levantamiento estudiantil de mayo del 68 fue una protesta por la guerra de Vietnam, pero poco a poco fueron abriéndose paso otras reivindicaciones como la libertad sexual, el ecologismo, el antibelicismo y el feminismo.

Aunque no tuvo éxito terminó convirtiéndose en la mecha que propiciaría décadas después el cambio hacia una sociedad más abierta, tolerante e igualitaria. Y es que a veces las revoluciones no cambian el sistema pero transforman ideas y valores en las personas.

En esta ocasión las protestas se producen por las reformas laborales de Macron. Y la huelga afecta principalmente a controladores aéreos, conductores de trenes y maestros. 

Así que vamos a vivir una huelga de transporte público en París. ¿Se os ocurre una experiencia más parisina que esta?

Nuestro amigo Agus vive con dos compañeros de piso: Álvaro y Nancy. Pese a ser día laboral, hoy no estudian ni trabajan porque el metro no está operativo.

Agus, en cambio, sí que se marcha temprano a trabajar en su bicicleta. Le esperan 22km pedaleando a 0 grados, por un camino medio helado.  Y otro tanto para regresar a casa a la noche. Así es nuestro amigo Agustín, nada tiene límites para él. 

Dado que hay servicios mínimos de autobús y es nuestro último día en París, decidimos intentar llegar al barrio de Montmartre. Álvaro nos acompaña y nos cuenta cómo es la vida y el trabajo en París. Él es colombiano pero lleva 6 años viviendo aquí y está tramitando la nacionalidad francesa. Nos explica que si tienes estudios superiores como un máster o el doctorado en Francia, puedes solicitar la nacionalidad. Nos divertimos mucho con Álvaro, es un tio súper simpático y noble. Muy buena onda.

De camino a Montmartre pasamos por la la Plaza Stravinsky y vemos por fuera el edificio Pompidou, todo un entramado de tuberías de lo más original. En su interior se encuentra el Museo nacional de Arte Moderno con obras de Picasso, Miró, Francis Bacon, etc.

También pasamos por Galerías Lafayette, un gran almacén que data de 1893 y actualmente es el mayor centro comercial de Occidente. Recibe 55 mil visitas al día y atrae especialmente  la atención de los turistas en estas fechas por su árbol de navidad y su lujosa decoración navideña. 

Otra zona que se viste de navidad es la Avenida de los Campos Elíseos. Con sus 1880 metros es la más larga de París y va desde el Arco del Triunfo hasta la Plaza de la Concordia.

Pero la zona más animada que visitamos se encuentra en los Jardines des Tuileries donde la gente se reúne para comer y beber en el mercado gastronómico navideño. También tiene algunas atracciones y una pista de hielo.

Aunque la ciudad está muy bonita no puedo evitar sentir todo un tanto ostentoso y superficial. Pienso que es un gran gasto económico y energético. ¿Y con qué propósito? Todas y cada una de esas luces de colores están lanzándonos el mismo mensaje: «¡Consume!» «¡No dejes para mañana lo que puedas comprar hoy!». Respiro hondo y echo una mirada al cielo. Ojalá la Navidad se tratara un poco más de compartir con los demás, y un poco menos de derrochar. Quizás podamos empezar desde nuestros hogares, cambiando algunos regalos por tiempo o juegos en familia.

Hoy es un día especialmente frío en París. A pesar de llevar buenos abrigos siento el aire helado colándose en mis costillas, y muy especialmente en las zonas de mi cuerpo que están descubiertas como la cara y las manos. Recuerdo con nostalgia los guantes y la bufanda que he dejado en casa. Como diría mi madre, ahí están bien. El caso es que no es por los cero grados que marca el termómetro sino por la altísima humedad del ambiente. Pero estamos en París y hay que aprovecharlo al máximo. No hay dolor. 

Por fin llegamos a Montmartre, y la emoción de ver Sacré Cœur me quita el frío de golpe. Es una inmensa y gigantesca mole de piedra blanca que nos mira de frente, como un fantasma. Es impresionante cómo el cielo de París lo cambia todo. Hace once años estuve en este lugar y lo recordaba azul, soleado y apacible. Hoy se alza amenazante sobre un cielo oscuro cubierto de niebla. Es el escenario perfecto para narrar una historia de terror. Como decía el filósofo griego Heráclito, nunca te bañarás dos veces en el mismo río. Ni tampoco verás dos veces la misma ciudad. Todo fluye, todo cambia irremediablemente. 

La basílica de Sacré Cœur fue construida en 1919 y alberga la campana más grande de Francia, “La Savoyarde”. Pesa nada más y nada menos que 26 toneladas. Además el interior de la basílica está decorado con el mosaico más grande de Francia, de 480 metros cuadrados. Merece la pena una visita para contemplar una de las vistas panorámicas más bonitas de la ciudad. Aunque en nuestro caso la niebla no nos permite disfrutar demasiado de ella. 

Montmartre es el barrio más bohemio de París y sin duda mi rincón favorito de esta ciudad. Me apasiona ver pintar a los artistas en las calles, sentir cómo inundan de pinceladas de colores el espacio y se cuelan en las recámaras privadas de mi imaginación. Algún día me gustaría vivir una temporada así, pintando en la calle con un caballete. Me parece una idea tan apasionante dedicar mi tiempo a inspirar y emocionar a otros, a capturar la belleza y la esencia de las cosas y compartirla con los demás. 


A finales del siglo XX, el barrio de Montmartre era el centro artístico e intelectual de París. Todos los artistas y escritores famosos se congregaban aquí en busca de inspiración y nuevas corrientes. 

Entre los artistas que residieron en Montmartre, dos de ellos merecen una mención especial: Pablo Picasso y Vincent Van Gogh. En nuestro recorrido paseamos por las calles y contemplamos los edificios donde vivieron.

Por otro lado en Montmartre podemos encontrar dos molinos de los 15 que hubo antaño: el Radet (también llamado Galette) y el Mouline Rouge. Por supuesto ninguno de ellos sigue en funcionamiento.

Otra peculiaridad de Montmartre es el muro del amor que muestra la palabra te quiero en 300 idiomas diferentes. Nosotros encontramos la palabra “maite zaitut” que significa «te quiero» en euskera y nos hizo mucha ilusión.


Para colocar el broche final a nuestro día queremos acercarnos a ver la torre más fotografiada del mundo.

La torre Eiffel fue construida por el ingeniero francés Alexandre Gustave Eiffel para la Exposición Universal de 1889 en París. Mide 324 metros y además de su atractivo turístico, se utiliza como emisora de radio y televisión.

A medida que nos acercamos a Trocadero la imagen de la majestuosa torre Eiffel se diluye entre la niebla. Trato de reprimir mi frustración pero soy incapaz de mantener a raya la desilusión que siento en este momento. No vamos a conseguir ver la torre en todo su esplendor. Qué mala suerte que justo esté nublado, qué rabia.


Imanol sonríe y con su habitual optimismo me lanza una frase muy sabia «piensa que esta imagen de la torre Eiffel es diferente y única, nunca antes la habías visto así». 


Sonrió interiormente y observo la escena que tengo enfrente con ojos renovados. Imanol tiene razón. Este momento es mágico. Soy afortunada por poder vivir algo tan único e irrepetible.

Quizás el universo me está enviando un mensaje. La torre es como la imagen de un camino borroso que no deja ver el final. Es como nuestro viaje. Y el mensaje que leo entre líneas es este: «camina con los ojos vendados. No quieras saber el final del libro, disfruta de cada capítulo. No intentes controlar lo que vendrá después. La vida es eso, una aventura. Déjate sorprender por ella, confía ciegamente en lo que venga y acéptalo como un regalo».


Y así es como me enamoro del fantasma de París, con sus luces y sus sombras, con su intrigante misterio. 


De vuelta a casa Agus nos espera con una tortilla de patatas recien hecha y riquísima. Bromeamos con sacarnos una foto los cuatro y hacerles famosos colgándola en nuestra página web. Así que allá va vuestro salto a la fama chicos XD:


Al día siguiente, nos levantamos a las 7 am para tomar el autobús con destino a Bruselas. Camino de la estación el cielo de Paris se despide de nosotros con un arcoíris precioso justo cuando estamos cruzando el puente de Bercy. Me viene a la mente la cancion de Zaz y Pablo Alborán «Sous le ciel de Paris«


Quand elle lui sourit

Il met son habit bleu

Quand il pleut sur Paris

C’est qu’il est malheureux

Quand il est trop jaloux

De ses millions d’amants

Il fait gronder sur eux

Son tonnerre éclatant

Mais le ciel de Paris

N’est pas longtemps cruel

Pour se faire pardonner,

Il offre un arc-en-ciel

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