Núremberg: el resurgir de las cenizas

Núremberg: el resurgir de las cenizas


Llegamos a la estación de tren de Núremberg a las 21:30. Puntual como un reloj nos espera en el andén nuestro nuevo anfitrión de couchsurfing: Jan.

Es un chico alto y rubio. El prototipo de alemán que todos tenemos en nuestra mente. Nos saluda cordialmente, sin perder el gesto de solemnidad que caracteriza el semblante de los alemanes.

Tiene 27 años y estudia Magisterio en la universidad. Vive a 40 minutos andando de la estación o 15 minutos en tranvía. Su casa data de 1923 y está protegida por ser patrimonio cultural. Es una casa muy grande con techos altos, paredes muy gruesas y mobiliario antiguo. Algunas de las lámparas son de hierro y fueron fabricadas justo en el edificio de en frente que antaño fue una fábrica. Se nota que la vivienda perteneció a una familia pudiente, porque tiene incluso una habitación destinada al servicio doméstico.

Jan comparte piso con otras cuatro personas, aunque solo coincidimos con dos de ellas: Chris y Thomas. Preparamos un rico plato de cuscús con verduras y nos juntamos a cenar y conversar alrededor de la mesa de la cocina.


Nos cuenta que nació en Gorlitz, una ciudad bastante especial que hasta ahora no conocía. Se trata de la ciudad más oriental de Alemania y para algunos también la más bonita. El motivo es que no fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial y cuenta con 4000 edificios declarados monumentos. Pero lo más interesante es que alemanes y polacos conviven en la misma región dado que una parte de la ciudad pertenece a Polonia.

Durante la cena conversamos acerca de la situación actual del país. Según nos dicen, el este de Alemania (la antigua parte soviética) sigue siendo más pobre que el oeste, aunque se hagan esfuerzos para tratar de igualar «las dos Alemanias». Es por esta razón que muchos jóvenes migran a ciudades grandes del oeste como Núremberg, donde hay más oportunidades laborales.

Hablamos de todo tipo de temas: política, economía, viajes, anécdotas personales… es un chico muy agradable y con una personalidad muy marcada. Fiel a sus ideales, intenta vivir llevando su nivel de consumo al mínimo y sigue una dieta vegana estricta. Le gusta mucho el atletismo y suele participar en maratones. Está aprendiendo español con la intención de cumplir el sueño de recorrer Sudamérica con su mochila.

Lo que más me llama la atención es el modo de vida de Jan. Tratar de vivir consumiendo lo menos posible es para él una filosofía de vida. Esto no solo significa generar menos basura o tratar de no consumir plásticos o productos de países remotos. También significa ganar libertad.

Siempre me ha gustado mucho ese refrán que dice: «Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita». A menudo vivimos esclavizados por necesidades artificiales generadas por nosotros mismos o externamente. Entramos en un círculo vicioso de consumismo que no nos permite disfrutar de nada porque siempre creemos necesitar más. ¿Te has fijado que la mayoría de nuestras opciones de ocio implican un consumo? Sin embargo, podemos ser felices con muy poco. Se dice que trabajamos para vivir pero en realidad, trabajamos para poder seguir consumiendo. Y dado que nuestro tiempo es dinero, si fuéramos capaces de vivir con menos dinero, ganaríamos mucho tiempo de vida. Y la vida es algo que no se puede comprar, ¿verdad?

En este sentido también es muy interesante reutilizar. Seguro que conocéis Wallapop, una app en la que puedes comprar y vender objetos de segunda mano. Esto es genial para nuestra economía y también para el planeta. En otros países se utiliza mucho una app similar llamada Gumtree.

Chris, la compañera de piso de Jan, es voluntaria en una asociación que opera en Austria y Alemania y se encarga de recolectar la comida sobrante en tiendas de alimentación y restaurantes y repartirla gratuitamente entre las personas que lo necesiten en puntos de distribución designados para ello. El objetivo es ayudar a familias con dificultades económicas y concienciar del gran derroche de alimentos que acaban diariamente en la basura. Al hilo de este tema lanzo otra recomendación: Too good to go. Básicamente es una app en la que puedes comprar por una cantidad simbólica fija, una cesta con el excedente de producción de tiendas de alimentación.


A la mañana siguiente desayunamos panes de cereales con crema de cacahuete y mermeladas de frutas, mientras filosofamos sobre la vida. Después Jan nos presta un par de bicicletas de sus compañeros de piso y nos vamos los tres a conocer la ciudad a golpe de pedal. 

Disfrutamos del paseo a orillas del río Pegnitz, que a su paso divide en dos el casco antiguo de Núremberg y es el hogar de muchos patos, gansos y cisnes. Es una zona verde ideal para salir a caminar, correr o andar en bici. Siguiendo la senda paralela al río llegamos al centro, y aparcamos las bicis cerca de un mercado de navidad. Hay muchos mercados navideños en Núremberg, pero hay uno en especial que es famoso por ser el más importante de Alemania: Christkindlesmarkt.

La tradición de los mercados navideños está muy arraigada en Alemania y aunque con el tiempo se ha convertido en un atractivo turístico sigue manteniendo parte de su encanto con su cuidada decoración tradicional y la venta de productos artesanales como figuras talladas en madera y dulces típicos. Nos aproximamos y el olor a salchichas y vino caliente se nos cuela por la nariz. La gente se amontona con sus tazas mientras suenan de fondo villancicos de navidad. Los niños corretean y ramas de abeto iluminadas con juegos de luces adornan el escenario.

Núremberg es un laberinto de canales y puentes. Atravesamos algunos de ellos como Henkersteg o más conocido como el puente del verdugo. Este puente de madera fue construido en 1457 y da acceso a la torre donde vivía entre los siglos XVI y XIX el verdugo de la ciudad. El temor inspirado por este personaje propiciaba que algunos dieran un rodeo para evitar toparse con él.

Nos perdemos por las calles de Núremberg y siento que me he colado dentro de un cuento medieval. Las encantadoras casas entramadas, las anaranjadas torres, los sauces que cuelgan sus ramas como queriendo tocar el agua… todo forma parte de un escenario mágico.

Llegamos a una bonita plaza a los pies de la muralla del castillo donde se encuentra la casa del dibujante y grabador renacentista Alberto Durero. Se trata de uno de los pocos edificios que no fue destruido durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. La fachada medieval destaca por su entramado de madera. En la actualidad es un museo sobre la vida y obra del artista. Llama la atención la escultura de un conejo fabricada en bronce que se encuentra frente a la casa y que representa una de las obras más famosas del pintor.

Núremberg fue desde tiempos remotos una ciudad importante que tenía privilegios a la hora de pagar impuestos y en cuyo castillo los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico celebraban asambleas. También era un punto estratégico en las rutas comerciales entre Italia, el norte de Alemania y Asia. Todo ello propició su desarrollo económico y cultural de modo que en 1702 Núremberg contaba con una de las editoriales más grandes del mundo especializada en la impresión de mapas y planos de ciudades que impulsaría el desarrollo del conocimiento en Europa. Fue también en esta ciudad donde se construyó en 1835 la primera línea de ferrocarril de Alemania.

La importancia histórica de Núremberg hizo que fuera elegida por Adolf Hitler como sede para los congresos del partido nazi. Entre 1927 y 1938 cientos de miles de militantes del partido se reunieron anualmente en el campo de Zeppelin, donde Hitler pronunciaba sus discursos desde una tribuna. Resulta escalofriante pensar que fue en este lugar donde se promulgaron las leyes racistas y antisemitas que terminarían por provocar la persecución, tortura y asesinato de más de quince millones de personas. Reflexiono sobre el auge de la extrema derecha en estos últimos tiempos y me aterra pensar que esto pueda repetirse. Recordemos la historia. Todo empieza con una papeleta. No permitamos que gobierne el odio. Porque como profetizó Heinrich Heine: «donde se empieza quemando libros se acaba quemando personas.»

Bundesarchiv, Bild 183-C12701 / CC-BY-SA 3.0

Debido al rol desempeñado durante la guerra, la ciudad favorita de Hitler fue una de las más bombardeadas por los aliados. Cerca del 90% de la ciudad fue destruida. La mayoría de los edificios fueron reconstruidos de acuerdo a los planos originales y actualmente se puede contemplar el castillo y la muralla medieval de 5 kilómetros que rodea el casco antiguo. Merece mucho la pena disfrutar de las vistas panorámicas de la ciudad desde el mirador del castillo.

Hace bastante frío y al venir en bicicleta (otra vez sin los guantes) se me han congelado las manos. Me juro a mí misma que mañana no me los olvidaré. Para matar ambos, el frío y el hambre, entramos en una taberna y nos comemos un plato típico alemán: salchichas con chucrut (col fermentada). Hay tantos turistas dentro que parece Times Square. Eso sí, ¡se está tan bien al calorcito!

A pocos metros se encuentra la iglesia de San Sebaldo. Aunque reconstruida en 1957, es la iglesia más antigua de la ciudad (siglo XII). En ella reposan los restos de San Sebaldo, patrón de la ciudad. El dato más curioso es que esta iglesia es luterana. De hecho, el estado de Baviera al que pertenece Núremberg es mayoritariamente católico, mientras que Núremberg es protestante y fue una de las primeras ciudades en aceptar la reforma en 1525.

Los católicos, aún siendo minoría, también tienen su iglesia en Núremberg. Es Frauenkirche o Iglesia de Nuestra Señora. De estilo gótico báltico, fue edificada entre 1350 y 1358 por orden del emperador del Sacro Imperio Romano Carlos IV. Está ubicada en la plaza principal de la ciudad, Hauptmarkt, donde tiene lugar el famoso mercado navideño.


Concluimos nuestra visita con un interesante edificio: Dokuzentrum. Fue construido por el régimen nazi para celebrar congresos tratando de imitar el Coliseo de Roma. Proyectado para una capacidad de 80.000 personas, no fue concluido debido a la guerra. Posteriormente el edificio fue restaurado y se habilitó un museo que expone la historia del nazismo y sus terribles consecuencias con el objetivo de crear conciencia y evitar que la historia se repita. Esto solo es un ejemplo de los esfuerzos llevados a cabo por el gobierno alemán para condenar el nazismo. A diferencia de lo que sucede en otros países, Alemania ha llevado a cabo una gestión de la memoria histórica ejemplar, eliminando cualquier símbolo que pueda convertirse en lugar de culto y tomando medidas para informar y educar a sus ciudadanos.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, se eligió Núremberg como escenario para llevar a cabo los juicios que condenarían a 22 mandos nazis por crímenes de guerra. También comenzaron las obras de reconstrucción de la ciudad. Piedra a piedra, como el ave fénix, Núremberg se erigió de nuevo a partir de sus propias cenizas. Y aunque los errores del pasado quedaron atrás, la vergüenza y el horror del holocausto selló con fuego una enorme cicatriz, para que nadie pudiera olvidarlo nunca.

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