Bratislava: reinventarse o morir

Bratislava: reinventarse o morir

Llegamos a Bratislava donde nos esperan nuestros nuevos anfitriones de Couchsurfing. Viven en un barrio a solo 10 minutos del centro en autobús. Estamos emocionados porque es la primera vez que vamos a convivir con una familia y tenemos muchas ganas de conocerles. Frente al portal nos reciben Emil, Kristina y sus dos hijos de 2 y 4 años: Lea y Viliam. 

Seguimos el rastro de los juguetes hasta el salón que será nuestro cuarto durante los próximos días. Emil nos invita a sentarnos en el sofá y empezamos el elevator speech de nuestras vidas. Nos cuenta que ha empezado a utilizar Couchsurfing recientemente porque quiere aprender inglés. Su objetivo es alcanzar un nivel suficiente que le permita mudarse con su familia a trabajar a otro país. Pero lo más interesante es que Emil practica la natación en aguas abiertas de hasta 0 grados. Dice que se siente mucho más fuerte y sano desde que lo practica y que incluso le ayudó a dejar de fumar. Nos invita a probar e Imanol, que se apunta a un bombardeo, hasta se lo piensa. Yo ya os digo que no me meto a nadar en hielo ni haciendo Wim Hof. Los 18 grados del Cantábrico ya me parecen suficiente hazaña.

Desde el primer momento notamos el carácter más frío y reservado de los eslovacos. Su rostro serio parece impasible ante las emociones. Esto no quiere decir que no sean afectuosos o amables, sino que simplemente no expresan tan abiertamente sus sentimientos. No sabes muy bien si están tristes, contentos o enfadados. Me pregunto si los actores de los culebrones serán también así…

Lea y Viliam se pasan el día jugando con sus juguetes. Corren, saltan, ríen, lloran. Son como una montaña rusa de emociones. Viliam aún no ha aprendido a hablar y solo dice palabras sueltas. Cuando no le entienden, grita y patalea para que le hagan caso. Es su particular forma de comunicarse. Es gracioso menos cuando le da por comunicarse a las 6 de la mañana. Ahí ya no nos reímos tanto.

Kristina y Emil llevan un modo de vida sencillo y humilde. Durante la semana Kristina se encarga de cuidar de los niños mientras Emil trabaja. El fin de semana lo pasan los cuatro juntos. Se nota que están muy unidos y que viven entregados a sus hijos. Los domingos acuden a la iglesia porque, como la mayoría de la gente de Bratislava, son católicos practicantes.

No sé muy bien en qué momento la conversación deriva en la pantalla del televisor. Y cuando creemos que vamos a ver una película, Emil agarra el mando y ¡nos pone el vídeo de su boda! Pero no ese vídeo resumen que hace el fotógrafo con los momentos más emocionantes. No. Todo el vídeo. Reportaje de fotos incluido. ¿Qué paradoja, eh? les cuesta expresar sus emociones pero son capaces de compartir algo tan íntimo y personal como su boda con unos completos desconocidos. Nos explican que es para que conozcamos las costumbres y tradiciones eslovacas. Y lo cierto es que aprendemos algunas muy peculiares.

En primer lugar, el novio debe ir a casa de la novia a pedir su mano. Entonces los familiares bromeando le entregan a otra mujer y él tiene que insistir e insistir hasta conseguirla. Una vez que los novios se han casado, tienen que beber y estampar las copas de cristal contra el suelo. Después, deben barrer los trozos, mientras que los invitados tratan de esparcirlos. Finalmente celebran el banquete en un restaurante. En este momento piden a la novia que entregue su velo. De nuevo hacen un teatro entre bromas sacando un cuchillo y amenazando a la novia con que si no entrega el velo, le cortan la cabeza (humor eslovaco 😄 ). Tras un rato de risas, la novia entrega el velo y le colocan un gorro tradicional en su lugar. Esto significa que ya es una mujer casada. 

Mientras charlamos nos ofrecen unos bocaditos de pizza y vino caliente como aperitivo. Tomar vino caliente es una costumbre bastante extendida en varios países de Europa. Kristina lo prepara con vino, ron, te negro, miel y trozos de manzana. Durante nuestra estancia en Bratislava también descubrimos otras bebidas tan peculiares como Hriata (un chupito de vino con miel y un trozo de bacon encima) y Grog (agua caliente, azúcar, zumo de limón y ron).

La historia del Grog es muy curiosa. Esta bebida fue inventada por el vicealmirante británico Edward Vernon (más conocido como Old Grog) en 1740. El objetivo era reducir las borracheras de los marineros y gestionar mejor las provisiones, rebajando con agua las dosis de ron. La palabra «grogui» que utilizamos para referirnos a alguien que está aturdido o borracho, proviene precisamente de esta bebida. Otra curiosidad del Grog es que su consumo servía para prevenir el escorbuto, debido a la vitamina C proveniente del limón. Así que mientras empinaban el codo, ¡estaban tratándose sin saberlo con una medicina que libraría de la muerte a miles de marineros!

En el mercado navideño del casco antiguo de Bratislava degustamos algunas comidas eslovacas típicas como Lokshe, unas tortitas de patata enrolladas que se rellenan principalmente de carne y Placky, una especie de pancakes hechos también con patatas. Pero sin duda, el plato estrella nacional es Bryndzové halušky, unos ñoquis de patatas con bacon frito y queso de oveja. Como veis, los ingredientes de la gastronomía eslovaca son bastante sencillos: patatas, carne y queso.

Paseamos por la plaza mayor (Hlavné námestie) que está decorada con varios puestos navideños y un frondoso árbol en el centro. Cuesta imaginar que antiguamente este era el lugar tanto de las celebraciones como de las ejecuciones. Las calles están llenas de gente, en su mayoría turistas, comiendo, bebiendo y sacándose fotos.

Entre los pintorescos edificios destaca el ayuntamiento, que más bien parece una pequeña iglesia. En la parte izquierda de su torre de carácter defensivo se puede ver una bala de cañón colocada en este lugar para recordar la batalla contra las tropas de Napoleón de 1809. Durante la contienda más de 140 casas fueron quemadas, el castillo de Bratislava fue bombardeado y se perdieron muchas vidas humanas. Se dice que la alcaldía decidió rebajar los impuestos a las familias más afectadas y la gente comenzó a colocar balas de cañón en sus casas. Una manera muy original de evadir los impuestos, ¿no os parece?

El casco antiguo de Bratislava es pequeño y puede recorrerse a pie en un solo día. Más que una capital de país, parece un pequeño pueblo con encanto. Los colores de las casas en tonos verdes y amarillos contrastan con los tejados anaranjados generando un paisaje alegre y pintoresco. En casi cada calle nos sorprende el alboroto del gentío, los puestos de los mercados y la música. 

Nos dirigimos al castillo de Bratislava. Erigido en el siglo X por los bávaros, fue reconstruido varias veces hasta adquirir su forma actual. Situado sobre una colina, ofrece unas preciosas vistas del río Danubio y de la ciudad. Además desde el castillo pueden contemplarse a lo lejos los territorios de dos países vecinos: Austria y Hungría. 

La historia de Bratislava está íntimamente ligada a Hungría dado que Eslovaquia fue dominada por los húngaros durante 900 años, entre 1018 y el fin de la Primera Guerra Mundial. De hecho, los reyes y reinas húngaros eran coronados en la catedral de Bratislava.

Durante la Edad Media, la ciudad estaba protegida por una muralla y contaba con cuatro puertas de acceso. La única que se conserva es Michalska Brana, datada del siglo XIV. Sorprendentemente esta puerta nunca fue derribada debido a que está situada en un recodo, formando un ángulo imposible de alcanzar por los cañones del enemigo.

Seguimos nuestro recorrido por la catedral de San Martín, construida entre 1311 y 1452. Antiguamente estaba integrada en la muralla que rodeaba la ciudad y su afilada torre servía como puesto de vigilancia. Es por este motivo que la puerta de acceso está situada en un lateral. 

La catedral en sí misma es bastante ordinaria. Llama la atención, en cambio, la horrible autovía que transcurre paralela a ella. Prácticamente pones un pie fuera y te encuentras con un monstruo de cuatro carriles. Parece ser que fue construida durante la era comunista, en el marco de un proceso de reestructuración de la ciudad en el que destruyeron decenas de edificios, la mayoría judíos. Entre ellos, una sinagoga adyacente a la catedral que paradójicamente había sobrevivido al nazismo y a la Segunda Guerra Mundial. En su lugar hoy en día se puede ver un monumento (bastante feo también) en memoria de las víctimas del holocausto.

Para entender el presente es necesario conocer el pasado. Por eso, permitidme que viajemos atrás en el tiempo hasta 1918, año en el que finaliza la Primera Guerra Mundial y se crea el estado de Checoslovaquia, formado fundamentalmente por las actuales Eslovaquia y República Checa. Esta unión no satisface mucho a los eslovacos que son una minoría y se sienten dominados por los checos. El movimiento nacionalista se acrecenta y termina culminando en una alianza entre eslovacos y alemanes que da pie a la disolución de Checoslovaquia en 1939.

Embarcada en la Segunda Guerra Mundial y bajo influencia nazi, Bratislava expulsa a aproximadamente 15.000 judíos, la mayor parte de los cuales son enviados a campos de concentración.Tras ser bombardeada por los aliados y ocupada por las tropas alemanas, Bratislava es finalmente liberada por el Ejército Rojo soviético el 4 de abril de 1945. De nuevo, el régimen comunista restaura la antigua Checoslovaquia que se mantendrá unida hasta 1993. 

Oleadas de personas comienzan a migrar de oriente a occidente así que en 1955 el régimen soviético construye el telón de acero. Durante 34 años, un territorio de alambradas es custodiado las 24 horas por guardias dispuestos a disparar a quien intente cruzar la frontera entre Checoslovaquia y Austria. Lo mismo sucede en el resto de países formándose dos grandes bloques: la Europa capitalista del oeste liderada por EEUU (azul) y la Europa comunista del este dirigida por la URSS (rojo). Los países en verde permanecen neutrales.

Creative Commons por San Jose, Attribution-Share Alike 3.0 Unported, imagen original.

Llevamos ya dos semanas, cinco países y más de 2000 km recorridos. Y hasta ahora no habíamos notado grandes cambios. Sin embargo, en un cortísimo trayecto de una hora en autobús desde Viena a Bratislava hemos sentido una Europa diferente. Y ahora podéis intuir por qué. Una lengua eslava, un ambiente con tintes soviéticos, un carácter más frío que en Europa occidental. La huella del pasado está muy presente en este país. Al fin y al cabo hace solo 30 años que cayó el telón de acero. Es más, hace solo 26 años Eslovaquia era otro país. Con otra geografía, otra bandera, otro himno, otra cultura. Y sobre todo con otro régimen totalmente distinto.

La historia la escriben los vencedores y por eso a veces me gusta darle la vuelta a la tortilla. ¿Es cierto eso de que el comunismo es tan malo y el capitalismo tan bueno? Así nos lo pintan los yankis en esas películas donde los enemigos siempre son rusos. Veamos… El comunismo es una ideología que tiene como principio fundamental la abolición de las clases sociales. Esto quiere decir que todos somos iguales y por tanto la propiedad privada no existe. Los medios de producción pasan a manos del Estado quien se encarga de distribuirlos equitativamente. Por tanto, no existe un mercado de libre comercio. El capitalismo, por contra, es un sistema que se basa fundamentalmente en la propiedad privada y la lucha de clases. No puede existir la igualdad dentro de este sistema porque se alimenta precisamente de la desigualdad y la competencia. Fomenta las libertades individuales y el consumo dando acceso a todo tipo de bienes y servicios. Sin embargo, no garantiza las necesidades básicas de todas las personas como son la salud, la vivienda, la educación y el alimento.

Como siempre, hay defensores y detractores de ambos regímenes. Todo depende de en qué lado de la balanza te encuentres. Ningún sistema es perfecto. Hay quienes sostienen que el comunismo no ofrece libertad pero sí la certeza de tener qué comer.

Sea como fuere, los vestigios del comunismo siguen vivos en Bratislava. Un buen ejemplo de ello es el barrio de Petržalka, un conjunto de bloques prefabricados que se puede contemplar desde el mirador del castillo. Si fuera una ciudad, sería la tercera más grande de Eslovaquia. 

Otra construcción soviética es el puente de Nový Most que une la ciudad vieja y el barrio de Petržalka. Nosotros no subimos pero sobre los pilares del puente hay un restaurante que debe tener buenas vistas. La estructura tiene una forma muy peculiar. Los locales le llaman el puente OVNI, podéis intuir por qué.

Poco después de la caída del régimen soviético se inició el proceso de división de Checoslovaquia. Quizás el país unido era demasiado poderoso, y resultaba más conveniente dividirlo. Fue una decisión impuesta y antidemocrática. La tomaron los líderes sin consultar a nadie, sin referéndum. Así sucede siempre, cuatro poderosos deciden el destino del resto como quien juega una partida de ajedrez. Nosotros solo somos los peones, la carne de cañón.

Y así de golpe y plumazo, los eslovacos cambiaron de país y de régimen. Imagina que de la noche a la mañana toda tu vida cambia por completo. Y no te queda más remedio que reinventarte o morir. Miles de personas tuvieron que hacer frente al desafío de adaptarse a la nueva situación. Estaban acostumbrados a depender del gobierno que les proporcionaba vivienda, trabajo, comida… y de pronto, eran como niños huérfanos, incapaces de buscarse la vida por sí mismos. Algunos lo lograron. Otros terminaron sumidos en el alcoholismo. Resulta paradójico pero mucha gente no sabía ser libre, porque no lo había sido nunca.

En los últimos años Bratislava está emergiendo económicamente apoyada principalmente en el turismo y en la construcción. Su proximidad con Viena la convierten en un foco atractivo para los turistas que buscan pasar un día lejos del bullicio de la capital austriaca. Consciente de ello, la ciudad se ha reinventado a sí misma incorporando nuevos elementos para hacerla más amigable, o mejor dicho, más instagrameable. 😄 Por toda la ciudad puedes encontrarte con simpáticas estatuas de metal como Čumil, un simpático hombrecito que observa a la gente asomado desde una alcantarilla o el Bello Ignaz que rinde homenaje a un mendigo que vivió en Bratislava en el siglo pasado. Cuentan que saludaba a las damas alzando su sombrero de copa y les regalaba flores.

Otro gran ejemplo de ello es la iglesia de Santa Isabel. Bien podría haber sido diseñada por los pitufos porque es completamente azul. De estilo art nouveau, fue construida entre 1909 y 1913 por el artista húngaro Ödön Lechner. Aunque yo apostaría a que alguien la ha coloreado con una caja de rotuladores. 

Terminamos nuestro recorrido en el mejor mirador de Bratislava. Se trata de Slavín, un monumento en honor de los soldados soviéticos caídos en batalla durante la Segunda Guerra Mundial.  Sobre las cuatro paredes del obelisco de 38 metros de altura se pueden leer los nombres de las principales ciudades eslovacas junto con una estrella y la fecha en la que fueron liberadas por el ejército soviético. Frente al monumento se hallan las tumbas de más de 6000 soldados caídos en combate. 

Merece la pena subir hasta lo alto de la colina para poder contemplar las mejores vistas de Bratislava. Está atardeciendo y el castillo resplandece sobre un cielo teñido de bandas rosadas. Así sucede continuamente. El día muere en manos de la noche y se reinventa de nuevo cada mañana. Levantarse y caer. Tropezar para levantarse de nuevo.

El sol no se lamenta cuando se esconde aturdido entre las sombras. Nace de nuevo y brilla en el cenit más fuerte que nunca. Nada puede ocultar su luz. De igual manera nosotros nos reinventamos cada día. A veces no somos conscientes del poder que tenemos para resistir, para sobrevivir y para elevarnos de nuevo.

Existen personas que se hacen pequeñas ante las complicaciones de la vida, se encogen, se visten de víctimas y permanecen en un rincón alimentándose de lamentos y quejas. Pero existen otras personas que se crecen ante los obstáculos, que cubren su piel de una armadura resistente y firme, que no permiten que el desánimo las detenga. Estas personas no tienen éxito porque su camino sea de flores sino porque son capaces de tornar las espinas en rosas. En cada dificultad, ven también la oportunidad de crecer.

Miro el festival de colores en frente de mí y sonrío al comprobar cómo de la oscuridad puede nacer algo tan hermoso. Espero que este viaje nos ayude a reinventarnos, a construir algo tan bello como esto.

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Me encanta todo lo que escribes y como lo haces de bien, es un verdadero placer leer todos estos hechos históricos y anecdóticos que nos vas contando, en fin es un placer.
    Si, por poner algún comentario te diría que haber si te fijas en las parejas que vas visitando que casi todas tienen algún retoño, en esta en concreto dos. Y viene la pregunta; y el vuestro para cuando???… Vosotros que habláis y que sois «La Tierra» reza vuestro lema, sabedores de que la tierra necesita que todas las especies se reproduzcan, yo digo qué hacéis vosotros al respecto? Un abrazo enorme a los dos.

    1. jajaja muchas gracias, nos alegramos mucho de que te guste nuestro blog 🙂 De momento seguimos estudiando el terreno. Un abrazo grande para todos!!!

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