Las siete tribus de Budapest
Somos la tierra

Las siete tribus de Budapest

Llegamos a la estación de metro de Budapest y nos dirigimos a la máquina expendedora para comprar unos billetes. Es el primer país en el que no se utilizan euros, sino forintos húngaros. 1 euro son 336 forintos. Compramos el bono de 10 tickets de metro y tomamos la línea 4 en dirección al famoso Parque Városliget, cerca del cual hemos reservado un apartamento.

En casi todas las estaciones del metro de Budapest hay un par de hombres que si te los encontraras a las 11 de la noche en un callejón pensarías que van a darte el palo. Pero aquí resulta que son personal de seguridad. En teoría se encargan de hacer controles para que nadie salga del metro sin pagar. Pero la realidad es que van a la pesca de ignorantes turistas como nosotros a los que endiñarles una multa. En cuanto ponemos un pie en el andén se nos echan encima como dos gorilas. Les enseñamos los 10 tickets que acabamos de comprar hace menos de 20 minutos y nos dicen que no son válidos porque no los hemos introducido en la canceladora. Les explicamos que no hemos visto en ningún sitio dicha máquina. Y entonces comienza el forcejeo. Que si , que no, que nos va a caer un marrón… Y allá que nos clavan 50 euros por la broma. 

Como en un bazar, la negociación continúa hasta que Imanol consigue rebajar la multa a la mitad. Qué suerte oyes, ¡nos van a hacer un 2×1! Pero él no se conforma con eso y sigue insistiendo en no pagar nada. Desde el primer momento se han quedado con nuestros DNI así que estamos atrapados. Noto la cara de exasperación de los gorilas y, como si se tratase del concurso de «Atrapa un millón», agarro la oferta del 2×1 antes de que se arrepientan. Más vale pájaro en mano…

Imanol, con aires de indignación les pregunta dónde está la oficina para poner una reclamación. Y allá que vamos a contarle la historieta a una señora con cara de funcionaria aburrida que por el gesto parece estar acostumbrada a escuchar diariamente la misma cantinela. Más tarde en internet descubriremos muchos otros casos de turistas que han sido estafados como nosotros. Y así, de este modo tan acogedor nos da la bienvenida la ciudad de Budapest. 

En la foto podéis ver una máquina canceladora minúscula de color naranja. Sí amigos, son difíciles de ver pero existen.

El apartamento es muy cómodo y está muy bien equipado. Tiene una cocina con lavadora y lavavajillas, un cuarto de baño, un pequeño salón y un dormitorio. Además nos ha costado solo 15 euros la noche. Por primera vez en nuestro viaje pagamos por el hospedaje, pero mañana es mi cumpleaños y nos parece un buen regalo tener un sitio tranquilo donde descansar. Normalmente nuestro gasto diario suele rondar los 8 euros por cabeza (comida, transporte, tickets, etc.) Para ser Europa, no está nada mal, no?

El día de mi cumpleaños sinceramente es bastante triste. Cuando mi familia me llama por teléfono para felicitarme tengo que hacer grandes esfuerzos para no echarme a llorar. Les echo de menos. Cierro los ojos y me imagino que estamos todos juntos alrededor de la mesa del comedor cantando y comiendo tarta. Cada kilómetro de distancia que nos separa me pesa como una tonelada de ladrillos. Ojalá pudiera atravesar una puerta mágica que me llevara hasta ellos. Poder volver a casa un par de horas para abrazarles y recobrar fuerzas. Sin duda puedes visitar los lugares más increíbles del mundo pero al final, lo más bonito es tener un hogar al que regresar. La familia es ese botón que te mantiene atado al hilo de la vida, que lo conecta y lo sostiene todo.

Por suerte Imanol hace que el día sea un poco menos triste. Prepara un rico plato de pasta con tomate, nueces y ralladura de coco. Además, me regala unas flores muy bonitas de papel que ha comprado en algún momento sin que yo me diera cuenta. Y así, pasamos el día tranquilitos en casa, comiendo, actualizando el blog y descansando. 

Comenzamos nuestro recorrido por Budapest frente a la suntuosa escalinata del Bastión de los pescadores. Es una preciosa terraza de estilo neogótico y neorrománico, pero bien podría ser un palacio de Disney. En el año 896 d. C. siete tribus magiares (un grupo étnico antepasado de los actuales húngaros) derrotaron a los romanos y fundaron dos nuevas ciudades a ambas orillas del río Danubio: Buda y Pest. Las siete torres del Bastión de los Pescadores rinden homenaje a estas siete tribus.

Muy cerca del Bastión de los pescadores se sitúa la iglesia de Matías (Mátyás). Con su magnífica torre blanca de cinco pisos de altura y su tejado recubierto de tejas de colores, me parece una versión en miniatura de la catedral de San Esteban de Viena. Durante la invasión otomana de 1541, la iglesia fue transformada en mezquita. Hicieron falta nada menos que 150 años para que fuera reconvertida al catolicismo. Esta iglesia también fue el lugar de coronación de algunos reyes húngaros, como Franz Joseph I.

Aunque el lugar es precioso siento que posee una belleza un tanto plástica. Todo está excesivamente enfocado en recaudar dinero a costa del turista. Los precios son abusivos y cobran hasta por respirar. Por entrar al baño, por visitar la iglesia. Cada rincón está sobresaturado de gente que tiene un máster en posados artísticos pero ha olvidado sus buenos modales. Hasta el personal de información turística parece estar malhumorado. Quizás sea una casualidad, o quizás la consecuencia del impacto que produce el turismo masivo.

Nos perdemos entre las callejuelas de Buda y de pronto descubrimos un hospital militar de la Segunda Guerra Mundial. Esta enclavado debajo de la colina, en un entramado de cuevas subterráneo. Durante la guerra fría fue empleado como búnker ante la paranoia colectiva de una inminente guerra nuclear. Recientemente ha sido reconvertido en museo. Aunque parezca una broma, en su interior hay una tienda donde puedes comprarte una máscara de gas como souvenir.

Seguimos nuestro paseo hasta el palacio de Sándor, residencia del primer ministro húngaro. Justo en ese momento tenemos la suerte de contemplar el cambio de guardia. Los soldados que hasta entonces permanecían plantados como pasmarotes, comienzan a desfilar de un lado a otro realizando malavares con sus escopetas. Sus ortopédicos movimientos me recuerdan a esos antiguos juguetes de cuerda.

Avanzamos unos metros y por fin accedemos al interior del recinto del castillo de Buda, presidido por el águila Turul. Según la mitología húngara pre-cristiana, Turul vive en la cima del árbol de la vida y es el mensajero entre los dioses y los humanos, así como el guardián del orden y del equilibrio en el universo. No nos vendría mal un poco de ayuda de Turul para arreglar el desbarajuste cósmico que estamos provocando en el planeta…

El castillo de Buda fue la residencia de los reyes húngaros desde el siglo XIV. Tras numerosas remodelaciones y reconstrucciones a lo largo de la historia, hoy alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest. Además, en su subsuelo hay un laberinto que mide cerca de 10 kilómetros. Merece mucho la pena acercarse al mirador del castillo para contemplar una de mis vistas favoritas de la ciudad.

Budapest es una de las ciudades más visitadas de Europa y ahora comprendo por qué. Desde el mirador del castillo observo con fascinación el puente de las cadenas y el impresionante parlamento de Pest, posiblemente uno de los edificios más bellos del mundo.

Sus puntiagudas y afiladas torres, su fachada de un color blanco inmaculado que se torna dorada al atardecer, sus cúpulas y tejados teñidos de rojo, sus columnas y arcos que se reflejan sobre las aguas del Danubio imitando el romanticismo de los palacios venecianos. Sin duda no solo es el icono más representativo de la ciudad de Budapest sino también un símbolo del esplendor y la opulencia que vivió esta ciudad en el siglo XX.

Finalizado en 1904, fue estratégicamente situado frente al Palacio Real que se encuentra en la otra orilla. Realidad o ficción, esta ubicación pretende simbolizar que el futuro del país reside en la democracia popular, no en la monarquía.

No se puede visitar Budapest sin probar alguno de sus famosos baños de aguas medicinales. El más frecuentado por los turistas es Széchenyi, un complejo de 15 piscinas termales interiores y 4 piscinas termales exteriores,  jacuzzis, saunas, baños turcos y salas de masajes. El complejo está ubicado en un edificio neogótico construido en 1913 y es uno de los más grandes de Europa. Aprovechando que ayer fue mi cumpleaños nos acercamos a probarlo (gracias por el regalito Irati 🙂). 

Entramos con algo de recelo porque en internet hemos leído que estos baños son muy turísticos y pueden resultar más agobiantes que relajantes. Sin embargo, la experiencia resulta todo un acierto. Quizás sea porque es temporada baja o porque estamos a mitad de semana, pero no está muy masificado. Además tanto la limpieza como las instalaciones están cuidadas. Lo que más me gusta es la zona de piscinas exteriores. Es una sensación genial estar sumergida a 34 grados contemplando esculturas griegas y arcos de medio punto mientras afuera hace más de veinte grados menos. A nuestro lado unos hombres húngaros juegan al ajedrez dentro del agua. El vaho envuelve toda la escena creando una espesa nube de niebla en el ambiente. La gente ríe, se saca selfies, y alguno que otro se echa la siesta adormilado por el calor.

He descubierto que mi temperatura ideal oscila entre 28 y 32 grados. Las piscinas de 35 para arriba me parecen una trampa para cazar cangrejos. Cuando estás débil y medio mareado te lanzan el gancho. A mi no me pillan… Imanol, en cambio, debe haber sido caribeño en otra vida porque se queda pegado como una lapa bajo el agua durante nada menos que 7 horas. Casi tengo que llamar a los GEO para sacarle de allí 😛 .

Los secadores del balneario son una broma, ya os lo aviso para que no os pase como a mí. En vez de salir el aire caliente hacia afuera funcionan como una aspiradora vieja. Y yo aquí con mis 10 kg de melena intentando no coger una pulmonía. Resulta cómico, ¿no? Sobrevivir a los -2 grados de Viena para venir a acatarrarse a un baño termal 😄 .

Nos despedimos a remojo, como peces en el agua. Pero no te vayas muy lejos que aún nos quedan muchas anécdotas y lugares interesantes que recorrer en Budapest. Te lo contamos en el próximo post. Gracias por seguirnos, ¡un fuerte abrazo!

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