El espíritu de la Navidad en Bulgaria

El espíritu de la Navidad en Bulgaria


Hoy es 24 de diciembre, uno de los días más bonitos del año porque las familias se juntan alrededor de una mesa y pasan muchas horas comiendo, cantando y riendo. No importan las diferencias ni las ideas que tenga cada uno. Es un día para la familia, para estar juntos, para compartir.


Hoy me acuerdo especialmente de mi hogar y de las personas de mi vida a las que echo muchísimo de menos. Me acuerdo de las mañanas cantando villancicos, de la mesa repleta de platos porque somos muchos, de nuestros vídeos haciendo el bobo, de los disfraces y las panderetas. Me acuerdo de las vieiras de mi tía y todos esos manjares que este año no probaremos. Me acuerdo de las bromas con las uvas, del show de José Mota, de las partidas al trivial, de los vestidos de nochevieja y los tres dedos de maquillaje para acabar luego como marujas enfundadas en batas de casa, de las siestas en el sofá después de habernos comido 10 Ferreros Rocher cada uno…


Y me acuerdo de la tarta con velas de mamá y todo el mundo felicitándole a las 12 y ella diciendo que no, que hasta el 25 por la mañana no es su cumpleaños. Me acuerdo de ese instante en el que todo es perfecto porque estamos juntos y no nos falta nada. Eso que llaman felicidad. Y me siento tremendamente agradecida por todo lo que la vida me ha dado. Por los que estamos cerca y lejos. Por todo el amor que me rodea.

Este año por primera vez estamos lejos de casa en Navidad. Por suerte a través de la app de Couchsurfing conocemos a María, una mujer búlgara de unos 50 años que derrocha alegría y vitalidad. Nos invita a celebrar la Navidad con ella y otras dos chicas muy simpáticas: Aimi y Negin. Aimi es japonesa y está estudiando Relaciones Internacionales durante un semestre en Sofía. Negin es belga y trabaja en Sofía, en la sede de Spotify. Juntos parecemos el consejo de la ONU.


El pueblo de María se llama Kladnitsa y está a una hora de Sofía. Las fachadas de las casas son grises y están descuidadas. Sin embargo, todo parece encajar en el suave contorno redondeado de las montañas. El aire es fresco y limpio y los árboles cubren de verde el paisaje hasta donde alcanza la vista. ¡Qué bien salir por fin del ajetreo de la ciudad y reencontrarnos con la tierra!


La casa de María es enorme y por consiguiente, muy difícil de calentar. Tiene varias plantas y muchas habitaciones. Nos instalamos en la cocina y comenzamos a pelar verduras mientras María enciende la radio. Es una enamorada de la música tradicional búlgara. Nos habla de los instrumentos y de los bailes típicos de cada región con un entusiasmo contagioso. Según nos cuenta, en Bulgaria todo se celebra bailando.


Los búlgaros son cristianos ortodoxos, por lo que sus tradiciones navideñas y las nuestras son ligeramente diferentes. Para ellos la cena de Nochebuena permite rememorar la pobreza en la que nació Jesús. Por eso, no está permitido cenar ni carne ni pescado, ni ningún alimento de origen lácteo (huevos, queso, leche…). Es una cena 100% vegetariana. Me parece una costumbre muy interesante y muy saludable para evitar los atracones e indigestiones que nos pegamos habitualmente en Navidad. 


Pasamos la tarde cocinando y preparando la mesa. María nos enseña cómo preparar algunos platos vegetarianos típicos como pimientos y hojas de parra rellenas de arroz (sarmi). También cocinamos judías blancas con verduras y hacemos un pan casero llamado pitka. Finalmente colocamos en la mesa nueces, zanahorias, plátanos, manzanas y granadas. Según la tradición debe haber un número impar de platos: 7, 9 u 11. Me hace gracia cuando María hace cálculos y reparte la fruta en dos platos. 


La tradición del pan (pitka) también es muy curiosa. La persona que elabora la masa debe introducir en ella una serie de deseos con los elementos que tenga a mano. Por ejemplo, un trozo de zanahoria puede simbolizar que encontrarás un buen empleo, una nuez que gozarás de buena salud, etc. El más codiciado suele ser la moneda que obviamente representa la riqueza y prosperidad en el año próximo. 


María divide el pan aún caliente en cinco partes y nos entrega una a cada uno. Es muy divertido ver su cara de felicidad cuando descubre la moneda. Agita los brazos emocionada como quien ha recibido un boleto premiado de la lotería. En mi pedazo de pan encuentro nada menos que tres deseos: un buen trabajo, una salud óptima y éxito en las metas que me proponga. ¡Menudo chollo de Nochebuena! XD Termino compartiendo mis deseos con la pobre Negin que no ha recibido ninguno. Como la vida misma, el pan no está igualmente repartido entre todos. 


Otra de las tradiciones búlgaras dice que para tener buena suerte hay que probar un poco de todos los platos de la mesa. Imanol está encantado y para no faltar a las costumbres búlgaras, se pone las botas. En general, la comida es sencilla y humilde. Más que un banquete navideño parece una cena corriente de un día laboral. Pero nosotros estamos emocionados descubriendo sabores nuevos y exóticos.


Un manjar búlgaro que nos encanta es Lutenitsa. Se trata de una salsa que sirve de acompañamiento para diversos platos y es muy popular en Bulgaria. Se elabora con pimientos rojos, berenjenas, zanahorias, cebolla, ajo y pimentón. Es bastante adictiva, una vez que la pruebas no puedes parar.


En otro momento de la cena, María nos pide que cojamos una nuez y la abramos. Si la nuez es de color blanco, el nuevo año será exitoso. Abrimos las nueces con miedo pero por suerte todas salen bien. ¡Salud, amor y fortuna para todos!


En Nochebuena los niños elaboran survachkas, unas ramas de cornejo decoradas con cintas, flores y lanas de colores. En los mercados de Sofía se venden ramas de cornejo e incluso survachkas ya confeccionadas por 5-10 levas (2,50-5 euros). El día de año nuevo los niños deben tocar con las survachkas la espalda de los adultos y recitar un poema para poder recibir el aguinaldo. Hermosa tradición, ¿no os parece?


Aunque echo de menos a mi familia me parece bonito tener la oportunidad de conocer las costumbres navideñas de Bulgaria y poder compartir la mesa con personas de otros lugares del mundo. Es una suerte haber encontrado un pequeño hogar en medio de un país desconocido. María es un ángel que nos ha abierto las puertas de su casa y nos ha acogido con los brazos abiertos como si fuéramos su familia. Juntos reímos, bailamos e incluso cantamos villancicos de cada uno de nuestros países de origen. La emoción y la nostalgia nos aprietan fuerte la garganta cuando cantamos Hator Hator. Por un momento viajamos con la mente y con el corazón a casa, con los nuestros. Después María nos enseña a bailar algunas canciones búlgaras y nosotros improvisamos algo parecido a una muñeira y un zazpi jauzi. XD


Otra costumbre muy curiosa es que ningún plato se recoge después de la cena hasta el día siguiente. Aunque resulta raro dejar todos los platos y cubiertos sucios sobre la mesa, es por si los espíritus de los ancestros familiares deciden hacer una visita durante la noche. Que digo yo, podíamos dejarles algún plato lleno, porque no sé yo qué van a comer…


A la mañana siguiente nos asomamos a la ventana y vemos caer como notas musicales los copitos de nieve sobre la hierba. La nieve lo cubre todo creando un escenario invernal mágico. Parece una postal navideña. Sólo le faltan un par de renos caminando entre los árboles. xD


Nos abrigamos bien y salimos los cinco a dar un paseo por la montaña. Disfrutamos como niños correteando, pisando la nieve y sacando fotos. La nieve hace cras cras y se hunde suavemente como un terrón de azúcar. Voy marcando mis huellas en el camino mientras suena en mi cabeza el repertorio musical navideño. Oh blanca Navidad.


No sé por qué nos emociona tanto la nieve. Supongo que aunque hemos visto nevar muchas veces, sigue asombrándonos como si fuera la primera vez en nuestra vida. La nieve tiene ese poder de trasladarnos a nuestra infancia, de devolvernos la inocencia, de dibujar una sonrisa en nuestra cara y hacernos olvidar cualquier cosa que nos aleje del disfrute del momento presente. Es un espectáculo de la naturaleza en todos los sentidos. 


Regresamos a casa con bastante apetito. El día 25 ya está permitido comer carne y preparamos pollo guisado con verduras. Además comemos algunas sobras del día anterior. Pero lo mejor de todo es el postre. María nos enseña cómo elaborar Banitsa, un delicioso hojaldre relleno de calabaza, nueces y miel. Riquísimo.


En Bulgaria también tienen su particular papá Noel. Se llama Diado Koleda (abuelo navidad) y viste de rojo y blanco. Vamos, es el típico papá Noel de toda la vida. Como en muchos otros países, deja los regalos a los niños bajo el árbol de Navidad. En la época comunista se inventaron una festividad el día 26 de diciembre para tratar de eliminar del calendario las fiestas cristianas. Los búlgaros celebraban, al igual que los rusos, Diado Mraz, que significa algo así como «abuelo nieve». Hoy en día algunos continúan celebrándolo. 


Personalmente me gusta la humildad y sencillez con la que celebramos la Navidad este año. Sin regalos, sin excesos. No sólo no es necesario comer hasta reventar o dejarse el sueldo de todo el mes en objetos materiales. Es incluso perjudicial porque nos impide disfrutar y valorar las pequeñas cosas. 


Para mí el mayor regalo de la Navidad es poder compartirla con las personas que quiero. Todo lo demás me sobra. Y no necesito que me regalen nada para saber que me quieren. El amor no se compra ni se vende. Quizás antiguamente tenía más sentido hacer un regalo en Navidad porque el día a día era mucho más austero y existían necesidades reales. Pero hoy en día no solo nadamos en abundancia sino que nos ahogamos en ella. Acumulamos cosas y más cosas que solo hacen nuestra vida más complicada y nos restan libertad. Nos atiborramos, nos saturamos y nos hartamos de todo. 


Pienso que todos deberíamos experimentar alguna vez en nuestra vida lo que significa vivir con poco para dejar de confundir el ser con el tener. Para simplificar nuestra vida y la cantidad de decisiones que tomamos. Vivir solamente con lo justo y necesario para ahorrar tiempo y energía y ser mucho más productivos. Y sobre todo para liberar nuestra mente de dependencias absurdas y distracciones, y ser mucho más felices. 

Quisiera compartir contigo mi pedazo de pan de los deseos para desearte que no necesites pedir nada. Que te muevas por el mundo con poco, disfrutando de lo que venga y creando el espacio adecuado para que lo esencial anide dentro de ti. Que la vida te abrace y te colme de amor, en el seno de una familia que sepa enseñarte el valor de compartir esas cosas bonitas que no se compran ni se venden: el amor y el respeto. Amor para alimentar la convivencia y respeto para saber amar a todos y cada uno desde la aceptación de las diferencias y el sentimiento de unidad.

весела Коледа!

¿Te ha gustado nuestro contenido? Ayúdanos compartiéndolo en redes sociales 😄

¿Quieres enterarte de todas nuestras noticias y publicaciones?

SUSCRÍBETE A NUESTRO BLOG!

Deja una respuesta